Una mascota a la fuerza

Cuando se vive en un lugar muy cercano al campo, como es en mi caso, se pueden vivir experiencias que serían impensadas vivirlas en una ciudad.

Lo que a continuación les contaré me ocurrió ayer sábado 25 de octubre.

Como todos los sábados salí temprano a mi trabajo. Eran pasadas las 7 de la mañana y bajé las escaleras de mi edificio rumbo a los estacionamientos.

Al pasar por los jardines sentí un aroma que me hizo recordar lo que había observado en la madrugada al ir al baño. Como las 4 de la mañana, al retornar a mi cama, me asomé y vi la figura de un animalito que se paseaba entre los automóviles. Era un zorrino de gran tamaño que hacía la noche día. Lo observé por un rato hasta que desapareció en un lugar en que ya no llegaba luz.

Seguí mi camino y el penetrante olor se hacía más intenso.

Al llegar al automóvil descubrí que la misma mofeta que había visto en la madrugada, había elegido mi automóvil como refugio.

Intenté acercarme, pero el chingue se preparó a recibirme, mostrándome su ano, con su cola levantada y dispuesto a lanzarme su orina.

Por cerca de 10 minutos tuve que buscar diferentes estrategias para lograr que este singular animalito saliera de su escondite.

Después de mucho rato logré hacerlo salir y que se dirigiera a esconderse bajo otro de los vehículos que estaban ahí.

Lo curioso fue que, muchas horas más tarde, al retornar al hogar, pasadas las 22 horas, el mismo animalito se encontraba paseando (como Pedro por su casa) y saliendo de los estacionamientos.

Aproveché la oportunidad para enfocarlo con las luces del automóvil y lo obligué a salir al camino, siguiéndolo por cerca de unos 300 metros hasta que se metió entre unos matorrales.

La mofeta o también conocido como zorrino, zorrillo o chingue (que es el nombre en mapudungun) es una especies de pequeño mamífero de unos 40 centímetros y más o menos uno o dos kilos de peso. El pelaje es de color blanco y negro. Son omnívoros y se alimentan tanto de insectos, huevos, frutas, mamíferos pequeños, pájaros y miel, siendo la característica esencial de este animal (y vaya que “esencia”) el fétido olor que expele como forma de protección.

Les dejo un par de fotografías que logré tomar a esta insistente “mascota” a la fuerza.

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